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Una semana con la naturaleza

Necesitaba un espacio para poder concentrarme en mi próxima exposición de pinturas. El departamento que habitaba estaba cerca de una zona comercial y no me permitía concentrarme. Necesitaba paz y tranquilidad. Estuve días enteros pintando cuadros y desechándolos, el ruido de la cuidad invadía mi capacidad creadora. Luego de varios intentos fallidos decidí salir a tomar algo. En el bar me encontré con unos amigos, me vieron y preguntaron que me pasaba, tenía un rostro demacrado. Les conté sobre mi falta de inspiración y la poca ayuda que me daba estar en medio de tanto ruido. Ellos me sugirieron que alquilara un lugar en el campo lejos del bullicio, era buena idea pero no tenía tiempo de estar buscando una casa, mi tiempo lo necesitaba para concentrarme. Uno de ellos me dijo tener un amigo que era agente inmobiliario y podía preguntarle. En ese momento lo llamó y le dijo lo que andaba buscando, el quedó en volver a llamarlo. Al cabo de unos minutos su amigo lo llamó. El me comunicó que tenían una casa rústica en Zamora, con excelentes vistas al campo y las montañas. Le pedí que concertara una cita. Al día siguiente nos encontramos, él me llevó a conocer la propiedad y me gustó, era un lugar tranquilo rodeado de naturaleza. Pedí los papeles, firmé y me entregó las llaves. Ese mismo día recogí de mi departamento todo lo que me hacía falta para pintar y me fui en mi auto. Llegué de noche, pero eso no me importó. Acomodé mis cosas, me senté un momento me serví un poco de vino y comencé a recorrer cada espacio de la casa, En la mañana con el agente no pude conocer muy bien cada espacio. Cuando terminé de recorrer el lugar, cansado por el viaje y la pequeña mudanza me dispuse a descansar. El amanecer del siguiente día me mostró una idea para empezar a pintar. Saqué mis accesorios de pintura y comencé a dar pinceladas en el lienzo. Estuve toda la mañana, acompañado de una copa de vino. Estaba más inspirado que nunca, no podía detenerme a pensar en otra cosa. El cuadro estuvo casi terminado cuando fui a la cocina a prepararme algo de comer. Después del improvisado almuerzo seguí pintando. Así pase toda la semana. Mis días se redujeron a pintar en compañía de la naturaleza y de una copa de vino. El paisaje que tenía el lugar lo aproveché para retratarlo en mis cuadros. 

Al terminar la semana regresé a mi departamento con varios cuadros bajo el brazo. Faltaba una semana para exposición, mi espíritu inspirador seguía. Comencé a pintar la ciudad de noche, toda ella envuelta en miles y miles de luces. Ya casi tenía terminada mi colección, cuando me llamaron de la galería y me preguntaron si podía adelantar la exposición, no tenía ningún problema, mis pinturas estaba listas, sólo me faltaba una, pero ese día la iba a terminar. Les dije que no había problema.  

En unos cuantos días la galería abrió y en ella se exhibían mis pinturas. Al mirar cada uno de ellas me recordaron a la excelente semana que pasé en Zamora y en esa casa rústica y acogedora, que me llenó de ideas y pudo romper el bloqueo en el que me encontraba.

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