Diferencias inmobiliarias de dos hermanos
Recuerdo que desde que era muy pequeño todas las cosas que hacía siempre eran opuestas a las que hacía mi hermano, absolutamente todas. Ya sea porque el quería diferenciarse de mí, o yo de él. En realidad teníamos dos personalidades distintas bien diferenciadas que se podían notar rápidamente. Si uno escogía un juguete el otro ya no quería jugar con ese por nada del mundo. Bien, con el paso del tiempo fuimos creciendo y nuestras diferencias también –en cuanto a gustos y preferencias, lo cual no quiere decir que discutamos-. En la adolescencia ya se podía notar entre nosotros dos un claro límite que dividía dos polos opuestos.
Por ejemplo, en la época de nuestra juventud, él gustaba más de salir a fiestas y quedarse divirtiéndose varias horas seguidas en casas de otros amigos, que por cierto era bastantes. Yo, por mi lado, prefería algo más calmado y también menos estrepitoso, además me gustaba más mantener un círculo pequeño de amigos, no me agradaba la idea de conocer muy de cerca a una gran cantidad de personas, por ello siempre trataba de mantener poco contacto con la gente que recién conocía.
Esas diferencias, aunque algunas pequeñas, otras muy grandes, fueron calando en el tiempo y conforme fuimos creciendo y madurando las diferencias también fueron tomando formas diferentes, de manera que nos acompañaran toda la vida.
Por ejemplo recuerdo una vez en la que mi hermano salió de viaje por algunos meses, justo antes de mi matrimonio. Después de ese tiempo durante el cual contraje nupcias, me mudé de mi casa, en la cual había vivido toda mi vida desde que nací, a otra casa que ya estaba pagando desde hace unos meses junto a mi esposa.
Así pasaron unos meses más sin que mi hermano regresara a España de su largo viaje de estudios a Francia. Para cuando por fin volvió decidió que ya no viviría más con nuestros padres y con nuestros otros hermanos que eran menores que nosotros. Por ello decidió mudarse hacia otro inmueble que represente para el una vida totalmente nueva, libre de ataduras familiares, como solía decir él. Por ello se mudó a un apartamento. Y no era sólo un apartamento, sino que estaba situado en lo más alto de un edificio de muchísimos pisos. En realidad casi a todos nosotros (digo, en mi familia) no nos hubiera agradado la idea de vivir en un lugar así, aunque pudiéramos disfrutar de una gran vista desde lo alto de aquel inmueble.
Esta era sólo una muestra más de nuestras diferencias totalmente opuestas de gustos. Mientras yo había decidido a vivir por el resto de mi vida en una casa tradicional, de dos plantas, con mi familia; mi hermano había optado por un inmueble bastante alejado del resto de la familia, ya que todos vivíamos en casa y estábamos acostumbrados a mantenernos cerca del nivel del suelo. Eso ha sido de lo último que nos ha diferenciado, en realidad cada día hacemos algo distinto, pero si enumerara todo eso faltaría espacio para terminar, por ello sólo recuerdo algunas cosas, de todas las que han sido en realidad, pues son las más significativas.
Related Posts
- ¿Nos afectará el subprime?
- Acrofobia: la imposibilidad de mirar desde arriba
- Compañeros de piso: Compartir hipotecas
- Los adorables vecinos que siempre nos tocan
- Casa nueva en el vecindario