Comprando una casa
Antes de casarnos mi prometida y yo fuimos en búsqueda de una casa, no queríamos estar mudándonos todos los años o acostumbrarnos a un lugar y luego dejarlo. Sabíamos que no siempre íbamos a ser dos, así que teníamos que comprar una vivienda con varias habitaciones, baños y un jardín para evitar inconvenientes en el futuro.
Faltaba un mes para la boda, así que contábamos con el tiempo suficiente para revisar casas hasta decidirnos la que más nos convenga. Después de hablar un día en la tarde con varios agentes inmobiliarios, acordamos en empezar el día siguiente con la exploración de las distintas casas de los alrededores de la casa de los padres de ella. No quería vivir muy lejos de sus padres, como era su única hija les había prometido no alejarse de ellos. No tuve ningún problema en acceder a su petición, mis suegros eran buenas personas y jamás se metían en nuestras cosas. El primer día quedamos en ver dos viviendas, el tiempo restante debíamos emplearlos en la organización de la boda. Ese día fuimos los dos en mi auto, porque de allí teníamos que ir a practicar el baile de novios, yo era pésimo con los pies, ella lo sabía así nos conocimos. Yo la invité a bailar porque me pareció la más linda del resto de mujeres que la acompañaba, cuando comenzamos a bailar yo le pisé pie, ella dio un grito. Sin embargo, siguió bailando conmigo. “Sígueme “, me dijo. Creo que en ese momento aprendí a dar unos pasos. Cuando dimos con el inmueble nos impresionó la vista que tenía la fachada, tenía sobre la puerta un techo bajo con tejados, al lado una cochera. La puerta era ancha de madera y vidrio a sus costados tenía dos ventanas de vidrio. En la parte superior un pequeño balcón con plantas adornando las barandas, sobre el pequeño techo de la puerta también había una ventana. La parte de afuera era todo verde y un árbol destacaba en medio de ese jardín. La casa parecía tener buena iluminación.
Adentro era aún más bello, tenía una escalera de madera que daba al segundo piso, en la primera planta había una chimenea, los acabados de la carpintería eran también de madera. Lo bueno del lugar era que gozaba de un ambiente acogedor, a mi prometida le gustó. Seguimos viendo el interior la cocina era amplia, perfecta para que ella cocinara, no es que sea machista, lo que pasa es que ella había estudiado cocina y trabajaba en un restaurante del centro como chef. Los dormitorios estaban arriba, eran cuatro y dos de ellos contaban con baño propio. En uno, el principal, había una bañera, si comprábamos la casa ese dormitorio sería el nuestro. Terminamos viendo una habitación, perfecta para poner mi estudio, creo que ese fue el momento en el que más me convencí de comprar la casa. Ese era un buen lugar para poner en orden mis libros. Cuando acabamos de recorrer el lugar, fui a un lado a hablar con mi prometida, ella estaba emocionada, el lugar le había gustado y como mi también me gustó lo bien repartido que estaban las habitaciones y el diseño, decidimos comprarlo. Así fue como antes de casarnos ya teníamos nuestro propio hogar.
Viendo la casa se nos hizo tarde para la clase de baile, firmamos los papeles apresurados, las llaves nos las darían en un día. Subimos al auto y fuimos lo más rápido posible a la clase. No quería volver a pisar a la sería mi futura esposa. Pasado ese día obtuvimos las llaves hacia nuestro nuevo futuro juntos como marido y mujer.
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Comprando una casa
Antes de casarnos mi prometida y yo fuimos en búsqueda de una casa, no queríamos estar mudándonos todos los años o acostumbrarnos a un lugar y luego dejarlo. Sabíamos que no siempre íbamos a ser dos, así que teníamos que comprar una vivienda con varias habitaciones, baños y un jardín para evitar inconvenientes en el futuro.
Faltaba un mes para la boda, así que contábamos con el tiempo suficiente para revisar casas hasta decidirnos la que más nos convenga. Después de hablar un día en la tarde con varios agentes inmobiliarios, acordamos en empezar el día siguiente con la exploración de las distintas casas de los alrededores de la casa de los padres de ella. No quería vivir muy lejos de sus padres, como era su única hija les había prometido no alejarse de ellos. No tuve ningún problema en acceder a su petición, mis suegros eran buenas personas y jamás se metían en nuestras cosas. El primer día quedamos en ver dos viviendas, el tiempo restante debíamos emplearlos en la organización de la boda. Ese día fuimos los dos en mi auto, porque de allí teníamos que ir a practicar el baile de novios, yo era pésimo con los pies, ella lo sabía así nos conocimos. Yo la invité a bailar porque me pareció la más linda del resto de mujeres que la acompañaba, cuando comenzamos a bailar yo le pisé pie, ella dio un grito. Sin embargo, siguió bailando conmigo. “Sígueme “, me dijo. Creo que en ese momento aprendí a dar unos pasos. Cuando dimos con el inmueble nos impresionó la vista que tenía la fachada, tenía sobre la puerta un techo bajo con tejados, al lado una cochera. La puerta era ancha de madera y vidrio a sus costados tenía dos ventanas de vidrio. En la parte superior un pequeño balcón con plantas adornando las barandas, sobre el pequeño techo de la puerta también había una ventana. La parte de afuera era todo verde y un árbol destacaba en medio de ese jardín. La casa parecía tener buena iluminación.
Adentro era aún más bello, tenía una escalera de madera que daba al segundo piso, en la primera planta había una chimenea, los acabados de la carpintería eran también de madera. Lo bueno del lugar era que gozaba de un ambiente acogedor, a mi prometida le gustó. Seguimos viendo el interior la cocina era amplia, perfecta para que ella cocinara, no es que sea machista, lo que pasa es que ella había estudiado cocina y trabajaba en un restaurante del centro como chef. Los dormitorios estaban arriba, eran cuatro y dos de ellos contaban con baño propio. En uno, el principal, había una bañera, si comprábamos la casa ese dormitorio sería el nuestro. Terminamos viendo una habitación, perfecta para poner mi estudio, creo que ese fue el momento en el que más me convencí de comprar la casa. Ese era un buen lugar para poner en orden mis libros. Cuando acabamos de recorrer el lugar, fui a un lado a hablar con mi prometida, ella estaba emocionada, el lugar le había gustado y como mi también me gustó lo bien repartido que estaban las habitaciones y el diseño, decidimos comprarlo. Así fue como antes de casarnos ya teníamos nuestro propio hogar.
Viendo la casa se nos hizo tarde para la clase de baile, firmamos los papeles apresurados, las llaves nos las darían en un día. Subimos al auto y fuimos lo más rápido posible a la clase. No quería volver a pisar a la sería mi futura esposa. Pasado ese día obtuvimos las llaves hacia nuestro nuevo futuro juntos como marido y mujer