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Archive for January, 2008

Casa nueva en el vecindario

Wednesday, January 9th, 2008

La primera vez que me topé con ella pasó inadvertida. La segunda  como la primera, fue una situación totalmente fortuita. Yo iba caminado por la acera distraído, pensando e imaginando cuando dejaría de tener que ser el encargado de sacar a pasear al perro, cuando iba a poder dejar de levantarme temprano para ir al trabajo, cuando irían a ascenderme y dejaría entonces de  trabajar tan temprano y hasta tan tarde, etc., etc.… y tantas cosas más que uno piensa cuando camina sin ganas de caminar y arrastrando a un cachorro que se detiene en cada árbol, planta u objeto  de mediano tamaño para  hacer sus necesidades 

Llevaba varios minutos caminando con el perro cuando pasamos por una calle pocas veces transitada porque desde hace  varios meses, habían derrumbado una casa por completo y en el terreno  habían estado construyendo una nueva, razón por la que gran parte del pavimento había estado congestionado de herramientas y maquinarias de construcción. El letrero de “en venta” había desaparecido hace varias semanas, seguramente ya había sido vendida esa nueva propiedad. Cuando crucé la primera vez, después de mucho tiempo, aún la casa era cubierta por una especie de telón negro como si fuera una obra de arte esperando a ser  destapada entre aplausos y copas de vino y en que realidad era  una costumbre utilizada por las inmobiliarias para no mostrar el producto hasta que este terminado. La inmensa maya negra evitó que le prestase atención. Pero esta segunda vez fue distinto,  andaba con el perro por la acera de enfrente cuando  pasamos por la casa, un vehículo enorme de mudanza bloqueaba  la vista  por lo que seguí caminado, cuando sin pensarlo el vehículo emprendió la marcha  lentamente  dejando ver la hermosa casa haciéndome recordar esas presentaciones en bares o teatros donde una cortina enorme  descubre a la artista principal  muy suave y lentamente, mostrando poco a poco sus encantos. Así parecía el inmenso vehículo que deleitaba mi vista  despojando de la invisibilidad a esa casa ante mis ojos.

 

Era una casa bellísima de dos plantas, con unas ventanas colosales en la primera planta, una puerta principal enorme al estilo  del medioevo, protegida por dos pilares bellamente decorados  color marfil,  un jardín  con césped perfecto y un caminito hacia la puerta hecho de inmensas piedras pulidas. Las ventanas estaban  cubiertas con  cortinas blancas tan enormes como las mismas ventanas, y las dos ventanas superiores vistas desde frente  también  estaban recubiertas, solo que de un vidrio mucho mas opaco que impedía la visibilidad desde fuera anisaba saber quienes eran los afortunados, los nuevos vecinos propietarios de la casa más linda de toda la vecindad, dueños seguramente de toda la envidia de los vecinos y también de la mía. Había visto durante meses el letrero de venta de esa casa, mucho más tiempo del normal, por lo general las casa en este lado de la ciudad se vendían rápidamente, fuese por lo lindo de la zona o por la astucia del agente inmobiliario, pero esta casa había conservado el letrero por tiempo record, lo que hacia pensar que era un inmueble  poco agradable. Nos equivocamos.

Los adorables vecinos que siempre nos tocan

Thursday, January 3rd, 2008

Elegir una casa o apartamento ya de por sí es una tarea difícil, más aún cuando la  duda gira entorno a la cabeza y la rivalidad entre lo que queremos y lo que podemos conseguir se hace épica. Una inmobiliaria  seria y respetable aligera las interrogantes  diseminando estratégicamente las cualidades de la propiedad en cuestión, haciendo de nuestra elección una sencilla e inevitable deducción de su  planificado modus operandis de venta.

 

La relación  permanente entre lo que se sufre para tomar la decisión y lo que se puede llegar a sufrir una vez tomada la misma, es casi siempre directamente proporcional al tiempo que  le toma a uno darse cuenta de lo equivocada que fue la decisión. A veces pensarlo mucho  solo conlleva a errores.

 

Y los errores se agravan cuando los vecinos de turno son insoportables. Ningún vendedor ni representante inmobiliario  describe,  ni asolapadamente siquiera, la tipicidad de vecinos que  nos ha de tocar, no nos hablan del insoportable ruido de a lado, de la chismosa de en frente ni del deambular dominguero y encima mañanero de la viejita  que busca conversa o tasitas de azúcar. Nada. Todo eso es como una cuota extra que se paga  inmaterialmente y más bien con el hígado y por cuotas de bilis.

 

Es cierto que también existen los buenos vecinos, esos que siempre te saludan con una sonrisa y te hablan de lo bien que esta el clima y de lo prolongado del tráfico, esos son los mejores. Aquellos que solo te los encuentras cuando sales con dirección al trabajo,  pocas veces cuando regresas si tienes la poca fortuna de regresar tarde. Pero los fines de semana, esos mismos también se vuelven insoportables cuando te los cruzan  y luego del saludo y la sonrisa amable te das cuenta que restan varios minutos para intercambiar frases, pero que ninguna sale de tu cabeza, entonces te das cuenta  de lo incómodo de la situación y esperas presuroso la despedida ante tan claro estado de silencio. 

 

Y siempre esta el tipo que a la fuerza quiere ser tu amigo, aquel que te lo encuentras donde menos quieres y cuando menos piensas, ése que te invita una cerveza y cree ser tu guía porque eres nuevo y  acabas de mudarte, que te enseña las características y debilidades de cada personaje  que habita alrededor de tu casa o apartamento. Ese inefable.

 

Si todo eso sería advertido en algún folleto o resumen florido de las inmobiliarias, quizás el negocio sería aún más complicado, quizás la decisión nos tomaría más horas y más pérdidas de sueño de lo que nos lleva ahora, quizás por más que nos preocupemos y se esfuerce el agente inmobiliario en  reducir los riesgos de rodearnos de  tan indeseable calidad de vecinos, quizás aún así, los mismos indeseables y tan característicos vecinos nos premien siempre con su presencia.

 

Una propiedad  se aprecia no solo por su valor de compra, sino también por su capacidad  de brindar una cultura de vida  generosa en tranquilidad y paz. Los vecinos ayudan muchas veces a  deteriorar este objetivo, pero muchas veces también nos aligeran  los malos tiempos y  resaltan los buenos. Una  ironía total que los hace  queridos.

 

 


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